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Dos orillas catalanas, un solo puente

Diario- José Luis Barbería 08/11/2015
El independentismo catalán tiene su futuro planificado, pero un referendo negativo podría dar al traste con sus aspiraciones y devolverles a la vía federalista
 

"Ya no hay puentes ni terceras vías entre Cataluña y España. Todos han sido volados", sentencia Ferran Requejo, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra e ideólogo de peso en el independentismo catalán. Miembro del Consejo Asesor para la Transición Nacional, órgano encargado de diseñar un futuro Estado independiente, Ferran Requejo explicita una hoja de ruta encarrilada y blindada contra lo que parece considerar los cantos de sirena del constitucionalismo español. "Lo que no se va a hacer es entrar en la lógica española de una reforma constitucional y un nuevo estatuto. Esa es una pantalla superada", asegura, sirviéndose de esa expresión tópica de videojuego que ha hecho escuela en los ambientes soberanistas.

Estos son, según él, los siguientes pasos a dar por el Gobierno de la Generalitat en su marcha hacia la independencia. "La mayoría parlamentaria aprobará una declaración de iniciación a la independencia y esta resolución será comunicada formalmente a los Gobiernos y organismos internacionales. La Generalitat propondrá al Gobierno español un referendo de pregunta pactada: sí o no a la independencia. Si no atiende a nuestro requerimiento, haremos como si Cataluña hubiera votado sí y seguiremos nuestro camino, elaborando la futura Constitución catalana y estudiando las medidas a adoptar en la vía hacia la independencia. Es previsible, en efecto, que la tensión vaya aumentando. Algunas leyes van a ser incumplidas pero no se van a aprobar leyes ilegales. Va a ser un juego del gato y el ratón. El Ministerio del Interior puede tratar de poner a los Mossos d"Esquadra bajo su obediencia y suspender la autonomía. Eso podría armar un buen follón".

—¿No siente algo de vértigo ante este panorama?

—Habrá más tensión y lógicas cada vez más dispares entre Cataluña y España, pero no. Esto va a durar toda la legislatura.

—¿No teme que puedan producirse estallidos de violencia?

—No veo que vaya a haber violencia de nuestra parte.

—¿Y qué harán ustedes si se hace un referendo y sale no a la independencia?

—Entonces, habrá que entrar en la lógica española de la reforma.

Ferran Requejo no espera nada de la reforma constitucional porque juzga imposible que "el acuerdo máximo que puedan pactar los partidos españoles llegue a acercarse al mínimo fijado por la mayoría parlamentaria catalana". Dice que ese suelo mínimo innegociable se asienta sobre tres pilares que recita de corrido. "Primero: reconocimiento de que Cataluña es una realidad nacional diferenciada dentro de una España plurinacional. Segundo: exclusividad blindada en educación, política lingüística, sanidad, política social y en la representación simbólica: banderas e himnos, además de participar en la política económica y estar presentes en la delegación española ante la UE y en la diplomacia internacional. Tercero: aplicar el principio de ordinalidad fiscal y limitar la solidaridad con el resto de España al 3% o 4% del PIB, como máximo".

No es un listado extravagante. De hecho, los puntos uno y tres y la presencia en la delegación ante la UE encajan en los planteamientos que barajan algunos constitucionalistas. Pero, aunque ha dedicado buena parte de su vida académica al estudio del federalismo, el ideólogo del independentismo catalán ha dejado de creer en las bondades de ese modelo. "Para nosotros podría ser incluso peor que el Estado autonómico", comenta.

En los foros secesionistas viene siendo un lugar común afirmar que la sociedad española es refractaria a la cultura del diálogo y la negociación y que, por lo mismo, resultará más fácil independizarse de España que esperar a que España se reforme. Es un aserto que comparte plenamente Enoch Alberti, otro de los juristas integrados en el gabinete de la Presidencia de la Generalitat que prepara la transición a la independencia. Catedrático de la Universidad de Barcelona y decano de la facultad de Derecho, este hombre trabajó en los años 1987 y 1988 en el Ministerio de Administraciones Públicas que dirigía el socialista Joaquín Almunia y dejó escrito que "España es un Estado compuesto de estructura federal".

¿Qué ha pasado, qué les ha pasado a estos antiguos federalistas, para que hayan terminado en el núcleo intelectual del secesionismo? No esperen una respuesta alejada de los caminos trillados. "Dejé de ser federalista porque España no es federalista. A mí y a otros muchos nos echaron de la Constitución cuando el Tribunal Constitucional, aplicando una concepción excluyente, echó por tierra el Estatuto de autonomía de 2006 que habría aportado estabilidad política para dos generaciones de catalanes". Enoch Alberti no parece hombre de portones cerrados. Cuesta situarlo entre quienes estos días reivindican con orgullo haber hecho su "desconexión" con España. "Estamos en un momento histórico y de lo que se trata no es de que el PP y el PSOE ofrezcan una propuesta sustantiva sino de que pongan en marcha un gran consenso constitucional que contemple la opción del referendo. Sé que es muy difícil pero esa es la salida inteligente", subraya. Y añade: "Artur Mas ha dicho que si hay una propuesta encima de la mesa tendrá que ser considerada".

—¿Es razonable pretender que la Constitución integre en su corpus un artefacto jurídico que conlleva la potencial autodestrucción de la nación?, le pregunto.

—Puedo entender que la opción de la independencia no quepa en la Constitución y también que el referendo ofrezca la tercera opción de un mayor autogobierno con reforma constitucional, responde.

En la otra orilla interior de Cataluña, la que ocupan los ciudadanos que no renuncian a su doble identidad, Argelia Queralt, doctora en Derecho y directora editorial del diario digital para el análisis y la reflexión Agenda Pública, comparte la idea de que solo un referendo puede frenar ya la dinámica secesionista. "El suflé que iba hundirse en un par de días se ha salido del horno y elección tras elección cada vez hay más personas que traspasan la línea de la desconexión con España. Aquí, la gente se ríe de nosotros, los federalistas, y en España no nos hacen caso cuando decimos que queremos seguir juntos aunque no así. Los partidos españoles harían bien en lanzar una propuesta de referendo durante la campaña electoral porque está muy bien el proyecto de reformar la Constitución y llegar luego a un nuevo Estatuto catalán, pero necesitamos un gesto para poder desencallar. Échennos una mano a los catalanes que queremos quedarnos en España y mantener el puente". Aunque desasistida y mermada, la tercera vía federalista catalana lucha por mantenerse a flote.

Josep María Castellà, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona, se mantiene más bien escéptico sobre el supuesto provecho clarificador de la consulta a la ciudadanía. "Aquí no ha habido un referendo pero sí se ha consultado a la sociedad y eso no les ha impedido a los independentistas hacer un uso instrumental de las votaciones. Además, hay un problema de interlocución porque el proceso permite sumar independentistas netos e independentistas tácticos que en realidad buscan acumular fuerzas ante una negociación", indica. Cree que desde el punto de vista técnico-jurídico, la regeneración política y el problema territorial podrían abordarse sin necesidad de reformar la Constitución, que reconoce obsoleta, pero otorga un gran valor al impulso político y a las ilusiones y energías que movilizaría la creación de un federalismo cooperativo. "Puede hacer que segmentos del PSC y de Iniciativa se integren, así como gentes de la burguesía que pueden verse representadas por Unió". Del secesionismo militante espera poco. "No están por renovar consensos políticos ni sociales. La orilla soberanista no cree en eso. Quieren negociar su salida, no su permanencia. Si hay que reformar la Constitución es para hacer mejor a España, para conseguir una mayor integración no solo territorial sino también política, social, económica y cultural. Eso nos permitiría convencer por elevación a los indecisos".

Consciente de que cuenta con un voto táctico prestado, el secesionismo catalán declara rotos los puentes y desactivadas las conexiones porque teme que una oferta atractiva de la otra orilla abra una espita de fuga en la gran bolsa por el sí retórico a la independencia que ha ido generando.

Un problema es hasta qué punto pueden sostener este grado de movilización y agitación, de permanente huida hacia adelante sin ofrecer más salida que la hipotética mediación de la UE. "Tenemos una minoría excitadísima y cada vez más enfadada. Se arriesgan a que la gente acuse la fatiga y empiece a desengancharse", apunta Josep Maria Castellà.

Las encuestas más exigentes detectan una acusada falta de correspondencia entre el sentimiento ciudadano de pertenencia exclusiva a Cataluña y el porcentaje de voto a las opciones independentistas, próximo al 50%. Los analistas deducen de estos datos que un porcentaje importante de esos votantes no buscan, en realidad, la ruptura con España sino un acuerdo que les permita disponer de un mayor autogobierno. Según esos estudios, los secesionistas indubitados no han aumentado de forma significativa en los últimos años.