Textos y fotos »

La verbena vuelve a Malasaña

Diario- Iñigo López Palacios 29/04/2016
Las fiestas del barrio fueron suspendidas en 2004. El 2 de mayo retoman las calles
 

El 2 de mayo de 1808, la guarnición del cuartel de Monteleón, liderada por los capitanes de artillería Daoiz y Velarde, se unió a la insurrección de las clases populares de Madrid contra la ocupación francesa. Esa fecha, —que terminó con los dos héroes muertos—, es la festividad oficial de la Comunidad de Madrid.

Por eso, los eventos oficiales dependen de la Dirección General de Promoción Cultural de la Comunidad. Ha programado en sus centros una "agenda especial, repleta de ocio y actividades, con motivo del puente del 2 de mayo". Un cajón en el que cabe todo, desde Festimad al Día Internacional de la Danza.

El lunes, los actos comenzarán con la tradicional ofrenda floral a los héroes del 2 de Mayo en el cementerio de La Florida. A las 11.00, la presidenta, Cristina Cifuentes, realizará la tradicional entrega de las medallas de la Comunidad, para posteriormente acudir a la tradicional parada militar, que precede a la también tradicional recepción en la Casa de Correos, sede de la presidencia.

Si se buscan fiestas populares, mejor en otro sitio. En esa entelequia conocida como Malasaña, nombre popular del barrio de Universidad (antes Maravillas). Alrededor de la plaza donde se alza el monumento a Daoiz y Velarde bajo un arco que fue una de las puertas del cuartel en el que se levantaron y murieron. Allí vuelven las fiestas del Dos de Mayo, 12 años después de que fueran suspendidas. Y tras ocho, a partir de 2009, de una lenta transformación. Ese año se empezó con actividades de día, pensadas para niños. Siempre programadas por los vecinos. Hasta 2015, ni siquiera se celebraban el fin de semana correspondiente, sino el siguiente, porque los vecinos se iban de puente.

Algo que hubiera sido extraño cuando eran una de las celebraciones más populares de Madrid. Eran famosas desde 1976. Una asociación de vecinos organizó una fiesta con puestos de bocadillos y bebidas, durante la que se disparó la famosa foto en la que una pareja desnuda se encarama al monumento.

En 2016 se ha conseguido por fin la calificación de recinto ferial. Eso significa que habrá barras en las calles (a precios populares y cuyos beneficios irán a parar a organizaciones de ayuda a refugiados), conciertos y Djs. Un total de 32 desde hoy y hasta el lunes. El domingo habrá hasta una verbena a cargo de una orquesta de swing. Los horarios son prudentes, ningún acto terminará después de la 01.00 del día 3. La fiesta continuará en los numerosos locales de un barrio asociado al ocio nocturno.

La peripecia de las Fiestas del 2 de Mayo comenzó en 2004. El entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, solicitó que no se celebrasen en señal de luto por los atentados del 11-M. Se entendió como una petición razonable. Las bombas que estallaron en las estaciones de cercanías habían dejado a la ciudad en un estado de conmoción en el que no parecían sensatas las demostraciones públicas de alegría. "En teoría era algo provisional", dice Diego Casado, del periódico digital Somos Malasaña, que ejerce de portavoz de la Plataforma Maravillas, una entidad que agrupa a una treintena de asociaciones del barrio: vecinos, comerciantes, colegios, hosteleros, la Escuela de Música Creativa y hasta la Cruz Roja. Funciona de forma asamblearia y se reúne todo el año.

Resulta curiosa la implantación y la fuerza del tejido asociativo en Malasaña. En los años transcurridos desde 2004, el barrio ha sufrido una profunda transformación. Se habla de una zona gentrificada. Ese feo anglicismo se explica como "el proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo".

La transformación comenzó por la parte más cercana a Gran Vía, asociada a la prostitución y el menudeo de drogas. Tribal, una asociación de empresarios, se hizo con gran parte de los locales, para suplirlos por tiendas de moda y restaurantes. Hoy, las lonjas de Malasaña son de las más solicitadas del centro. Según las inmobiliarias de la zona, el periodo de traspaso es de pocas semanas.

Se denomina despectivamente a Malasaña "barrio hipster". Un barrio para el postureo, que ha perdido el alma. "Los que se quejan por lo que pasa ahora, deberían de recordar cómo era en el periodo del botellón. Los que vivíamos aquí no lo hemos olvidado", afirma un vecino.

Ese periodo fue el inmediatamente anterior al de la prohibición. Cada fin de semana, toda el área que va de la estación de metro de Alonso Martínez a la plaza del 2 de Mayo era un inmenso bar al aire libre. Eso incluye la calle San Mateo, los alrededores del metro de Tribunal o las Plazas de San Ildefonso y Juan Pujol . "A esa nosotros la llamábamos plaza de los meaos", recuerda Manuel García, que entonces era un adolescente asiduo a los botellones. "Los bares solo los pisábamos para ir al baño. Pero los dueños empezaron a echarnos y la gente usaba cualquier esquina o los portales. Llegó un momento que casi no había sitio para moverse en la plaza. La gente llevaba tambores y sonaban hasta las 06.00 o las 07.00. Recuerdo que me di cuenta de que aquello se nos había ido de las manos una noche que hacía frío y unos tíos empezaron a arrancar ramas de los árboles de la Plaza del 2 de Mayo para encender una hoguera".

La lucha contra el botellón se convirtió en una prioridad y muchos ven en ella la razón de que para el 2 de Mayo de 2005 el Ayuntamiento no programara ni un solo acto en el barrio, aduciendo "falta de presupuesto". Se comprometió a apoyar los que organizaran los vecinos, pero el desencuentro fue tal que estos renunciaron a organizar algo en el último minuto. En 2006 ese desencuentro se convirtió en prohibición. Y en 2007 llegó el desastre.

Por cuarto año se prohibían las fiestas, en esta ocasión alegando quejas vecinales, pero eso no desanimó a muchas personas. La primera noche, un enfrentamiento verbal con la policía desembocó en pelea. "Al día siguiente el barrio estaba rodeado de furgonetas llenas de antidisturbios. Estuvieron horas allí esperando", recuerda Manuel García. Durante la tarde y la noche la policía impidió el acceso a la plaza para evitar el botellón, que se trasladó a las calles de alrededor. Miles de jóvenes, alcohol y policías apostados en las esquinas, la combinación perfecta para que aquello desembocara en batalla. Hubo al menos 46 heridos, 12 de ellos agentes.

Después, en 2008, nada. Y con 2009 volvemos al comienzo, a la lenta recuperación que concluye este fin de semana. "Ha costado, sí", dice el portavoz de la organización. "Ahora lo que queremos es que todo salga bien y sean unas fiestas participativas y alegres. Todo el mundo está invitado. Solo pedimos respeto y civismo a los que acudan".